




Víctor Marchese arquitecto y escultor argentino, amigo de Fernando y Aldo Boglietti, fue el autor de las dos esculturas de Fernando emplazadas en la ciudad, en Brown 350 y Mitre 1.
La escultura ejecutada en cerámica venecitas de colores fue realizada mucho antes de la muerte de Fernando, y estaba ubicada en la puerta de El Fogón, la escultura tenía su propia correa con cadena ironizando el espíritu libre de Fernando. Era está la que recibía a los amigos de El Fogón y lo custodiaba.
Cuando Fernando muere, y lo entierran en la vereda de El Fogón, esta escultura se transforma en su tumba.
Con el paso del tiempo sufrió deterioros importantes, ya casi no veía, su lengua se había perdido por completo, la cabellera de la cabeza y sus orejas estaban casi extintas y su cuerpito tenía varios parches que lo despojaban de su belleza original.
Ante esta situación, la arquitecta Marcela Bernardi, Secretaria de Extensión Universitaria de la UNNE convocó a su equipo de trabajo integrado por el arquitecto Javier Vargas y el profesor Matías Dimitri, para iniciar la restauración, invitando a la empresa WEBER a participar de esta gesta, quien aportó la totalidad de los materiales, para devolverle a la comunidad la custodia de nuestro perro guardián.
Quien fue Fernando?
provincia del Chaco, Argentina, en la década de 1950 y principios de 1960. Se hizo conocido entre los habitantes de la ciudad por frecuentar bares y conciertos a los que concurrían músicos, artistas y políticos de la capital.[ ]Murió el 28 de mayo de 1963, y sus restos fueron enterrados en la vereda del Fogón de los arrieros, un museo de la ciudad.[ ]Allí puede leerse un epitafio que dice «A Fernando, un perrito blanco que, errando por las calles de la ciudad, despertó en infinidad de corazones un hermoso sentimiento»
Después de su muerte, ha recibido muchos homenajes por parte de músicos y artistas, como por ejemplo la canción Callejero, que le dedicó Alberto Cortez (más tarde versionada por Attaque 77) dos esculturas en la ciudad: una sobre su tumba y una última de bronce frente a la Casa de Gobierno provincial. Finalmente, en uno de los accesos a la ciudad, puede leerse en un cartel un saludo al viajero que reza: «Bienvenido a Resistencia, ciudad de Fernando».
Fue propiedad de un músico llamado Fernando Ortiz (de quien recibió el nombre), quien lo adoptó a corta edad y que lo llevó consigo a sus funciones y otros conciertos, lugares donde la gente empezó a tomarle cariño. Se comentaba que Fernando tenía buen oído para la música, y muchas veces la crítica del espectáculo al día siguiente dependía de las reacciones que había tenido el perro.










